viernes, 8 de abril de 2016

ESTRATEGIAS DE APRENDIZAJE EN EL CONTEXTO DE LA INNOVACIÓN EDUCATIVA

LA PEDAGOGÍA HUMANISTA BAJO LA PERSPECTIVA DE LA TEORÍA DE ROGERS, MASLOW Y DEWEY
 





Díaz, Maribel Prof.
Unidad Educativa Nacional Ismael Urdaneta, Venezuela


RESUMEN

Desde una revisión documental, teórica y analítica, se propone propiciar una discusión crítica y reflexiva acerca de la incertidumbre que se ha generado en torno a la pedagogía como ciencia valorativa y humanista de la persona, fundamentada en una ética que busca la valoración del ser educando y educador. Al ver la pedagogía como ciencia humanista busca enriquecer la discusión filosófica de la incertidumbre formativa de la persona humana, dentro de la complejidad de la educación, como proceso fundamental en el desarrollo de los pueblos. En función de este proceso surge el presente estudio tipo ensayo, con diseño descriptivo-documental y enmarcado en la línea de investigación de Ciencias de la Educación, asimismo tendrá como objetivo fundamental analizar la pedagogía humanista bajo la perspectiva de la teoría de Rogers, Maslow y Dewey. Para la recolección de datos se realizó una minuciosa revisión documental de las teorías, utilizándose la técnica del análisis textual e interpretativo. Tras efectuar un breve análisis por estos enfoques y teorías, se analiza la estructura general que subyace a todos ellos y ubica un posible enfoque humanista en el ámbito de la pedagogía, mediante el análisis de los procesos de enseñanza y aprendizaje. Como reflexión final se puede señalar que a partir de las diversas corrientes pedagógicas, desde la perspectiva de una educación humanista, confieren prioridad a la formación docente, apuntando a redimensionar su papel y enfatizando la importancia de la innovación y de una práctica reflexiva en su formación.

Palabras clave: Pedagogía, Humanismo, filosofía de la educación.

PEDAGOGY HUMANIST PERSPECTIVE OF THE THEORY OF ROGERS, MASLOW AND DEWEY

ABSTRACT

From a documentary, theoretical and analytical review, it is proposed to promote a critical and reflective about the uncertainty discussion that has been generated around pedagogy as valuation and humanistic science of the individual, based on an ethic that seeks assessment be educating and educator. Seeing humanist pedagogy as science seeks to enrich the philosophical discussion of the training of the individual uncertainties, within the complexity of education, as a fundamental process in the development of peoples. Based on this process this essay studio, with descriptive-documentary and framed in the research of Educational Sciences design emerges as a fundamental objective will also analyze the humanist pedagogy from the perspective of the theory of Rogers, Maslow and Dewey. For data collection a thorough document review of the theories was made, using the technique of textual and interpretative analysis. After making a brief analysis for these approaches and theories, the general structure behind them and places all possible humanistic approach in the field of pedagogy, by analyzing the processes of teaching and learning is analyzed. As a final reflection it can be stated that from various pedagogical tendencies, from the perspective of a liberal education, give priority to teacher training, pointing to resize its role and emphasizing the importance of innovation and reflective practice in training.

Keywords: Pedagogy, humanism, philosophy of education.

PEDAGOGIA UMANISTA PROSPETTIVA DELLA TEORIA DI ROGERS, MASLOW E DEWEY

RIASSUNTO

Da un documentario, teorica e la revisione di analisi, si propone di promuovere una critica e riflessiva sulla discussione incertezza che è stato generato intorno pedagogia come la valutazione e la scienza umanistica dell'individuo, sulla base di un'etica che mira valutazione sia educare ed educatore. Vedendo la pedagogia umanistica come la scienza cerca di arricchire la discussione filosofica della formazione dei singoli incertezze, nella complessità della formazione, come un processo fondamentale per lo sviluppo dei popoli. Sulla base di questo processo questo monolocale saggio, con descrittivo-documentario e incorniciato nella ricerca di Scienze della Formazione disegno emerge come un obiettivo fondamentale si analizzeranno anche la pedagogia umanistica dal punto di vista della teoria di Rogers, Maslow e Dewey. Per la raccolta dei dati è stata effettuata una revisione del documento approfondita delle teorie, utilizzando la tecnica di analisi testuale e interpretativa. Dopo aver fatto una breve analisi per questi approcci e teorie, la struttura generale dietro di loro e tutti i luoghi possibili approccio umanistica nel campo della pedagogia, analizzando i processi di insegnamento e di apprendimento viene analizzato. Come riflessione finale si può affermare che da varie tendenze pedagogiche, dal punto di vista di una formazione umanistica, dare priorità alla formazione degli insegnanti, che punta a ridimensionare il suo ruolo e sottolineando l'importanza dell'innovazione e della pratica riflessiva nella formazione.

Parole chiave: Pedagogia, l'umanesimo, filosofia dell'educazione.

INTRODUCCIÓN

        Con el vertiginoso desarrollo de la ciencia y la tecnología, muchos se desesperan por la sobrevivencia de la arcaica filosofía; todos han escuchado comentarios tales como “la filosofía no sirve para nada”, y “tienes que estar bien dopado para sentarte a leer a Kant, Descartes, Platón, Aristóteles o quien fuese”, “la filosofía es puro cuento”, entre otros. La mayoría de estos comentarios ni siquiera ofrecen argumentos de por qué la filosofía no sirve en su opinión, y es que en su mayoría provienen de personas que nunca estudiaron filosofía, o algún mal maestro de filosofía los vacunó contra ella, probablemente al no comprender de qué trata la materia, optaron por alucinarla, incluso producir ataques feroces contra ella, hasta pensar en desaparecerla.

        En nuestro mundo globalizado todo conocimiento tiene que servir para algo práctico, tiene que dar beneficios reales, pero, ¿cómo decir que la filosofía no sirve para algo práctico? cuando ella la que conduce hacia un determinado modo de vida, porque eso origina la filosofía una forma de vida. Claro que sirve, pues es la que orienta todas las prácticas de la vida en sociedad, es el hilo conductor que permite pensar teóricamente (intelectualmente).

        Aquellos que gustan de decir que la filosofía no tiene un fin práctico, no se dan cuenta que en realidad el filosofar lo mueve todo. La filosofía es el arte de preguntar, de cuestionarse de manera fundamental, de realizar las preguntas correctamente e intentar responderlas mediante razonamientos lógicamente estructurados. Por ello, la filosofía no caduca, porque mantiene viva la inquietud del ser humano por lo que no se sabe. Filosofar es necesario para construir un pensamiento propio, para innovar, crear y desarrollar proyectos en todas las áreas. Esta disciplina trabaja los conceptos; no se puede elaborar correctamente un concepto sin pensarlo adecuadamente, para concebir conceptos hay que saber pensar, y sólo la filosofía sabe enseñarlo.

        De esta manera, en la medida en que las personas preocupadas por la educación propicien el cultivo de la filosofía, apuntalarán los esfuerzos para lograr un mejor desarrollo humano, pues con la reflexión filosófica se adquiere una dimensión más racional y, por tanto, más humana de la realidad y del compromiso con ella y con los demás. De hecho, esta vinculación entre educación y filosofía ya la mencionaba Aristóteles (1969) citado por Romano (2008) “…es preciso que el hombre, para que sea un día virtuoso haya sido al principio bien educado…” (p. 52).

        En este sentido, se deben optimizar los planteamientos históricos y, fundándose tanto en lo histórico, como en el ideal ético, determinar el qué y cómo se debe enseñar, el cómo hacerlo, para qué hacerlo y el por qué hacerlo, que constituyen las cuestiones básicas de una filosofía encaminada hacia el para qué más fundamental del proceso de humanización posibilitado por la educación escolarizada.

        Dentro de este escenario de la crisis del paradigma de la racionalidad occidental y, concretamente, de las repercusiones de esta crisis en la educación, tratamos de resaltar en este trabajo la importancia de las propuestas actuales acerca de la educación humanista para el siglo XXI que emergen a partir de la crítica al modelo educativo tecnocrático instrumental, que ha llevado a la educación hacia un proceso de deshumanización y donde el papel del docente se reduce a un técnico especializado en la aplicación de un conjunto de reglas para orientar la conducta de los alumnos.

        En la medida en que esta orientación humanista aspira a superar los riesgos de una visión instrumental y, en consecuencia, a humanizar las prácticas y los enfoques pedagógicos en clara actitud crítica frente a la tendencia deshumanizante y antihumanista en la que desembocó el positivismo y el racionalismo dominante, esta educación humanista bien puede ser llamada humanizadora.

LA PEDAGOGÍA HUMANISTA

        La pedagogía en el mundo se hace cada día más compleja mientras que la ciencia pedagógica continúa con sus enfoques simplificados en su práctica. Así, el máximo problema con el que tropiezan los pedagogos tradicionalistas es que no desean que el ser humano esté presente en sus cálculos o no saben cómo hacerle intervenir en su pedagogía teórica, tratando de desconocer que individual y colectivamente la persona es el centro de toda actividad pedagógica: la persona viva y no una abstracción maquinal-programática.

        Para Calzadilla (2004), el ser humano no es un ser biofísico limitado a consumir ni ser objeto de consumo patronal. Es un ser, sí, que transita de lo individual a lo colectivo, y viceversa, y busca realizarse en sus propios proyectos de vida. Por lo que no es un conjunto de necesidades: es pasión, es arte, es razón, es constitución de valores, desarrollo de procesos cognitivos, es una síntesis y una complejidad. Es un ser multidimensional, resultando incognoscible sino se le percibe en todas sus dimensiones. Por ello, el intercambio pedagógico ya es complejo, pero lo es más cuando se consideran sus implicaciones culturales, sociopolíticas y éticas.

        Es necesario, por lo tanto, según Vilar (2007), construir modos de conocimiento pedagógico que se correspondan con ese conjunto de complejidades culturales de aprendizaje que se transforman, a lo largo de la historia y a través de la infinidad de temporalidades característicamente individuales, dentro de la educación emancipadora. El conjunto de todo ello se auto-organiza y evoluciona, según sean en cada momento las construcciones mentales que se hagan los sujetos, y también según las representaciones del pasado que perduren en sus pensamientos.

        Considerada, primero, como arte de enseñar, de acuerdo a Savater (2007), la pedagogía es en la actualidad una ciencia particular, social o del hombre, cuyo objeto es el descubrimiento, apropiación cognoscitiva y aplicación adecuada y correcta de las leyes y regularidades que rigen y condicionan los procesos de aprendizaje, conocimiento, educación y capacitación. Pero la pedagogía tiene mucho más de arte que de ciencia, es decir que acepta sugerencias y técnicas pero que nunca se domina más que por el ejercicio mismo de cada día, que tanto debe en los casos más afortunados a la intuición.

        De esta manera, la pedagogía se ocupa en su esencia del conocimiento, en el tiempo y en el espacio, de las acciones imprescindibles y necesarias que han de realizarse para que tales procesos resulten, a la postre, eficientes y eficaces, tanto para el educando como para el educador. Se considera, entonces, que el arte es uno de los principios de la pedagogía en su concepción de ciencia humanista.

        En este sentido, el fundamento metodológico de la pedagogía, como ciencia, es materialista y dialéctico. Es una parte importante en el contexto de la concepción sistémica de la Ciencia, de aquí que en su avance y perfeccionamiento intervengan el de otros campos que abordan diferentes aspectos de la realidad material y social, de manera concatenada y unitaria.

        En este orden de ideas, para Prieto (2005), la pedagogía un objeto propio dentro de la ciencia; posee también un método o serie de métodos, provenientes de otras disciplinas, para abordar la investigación y realización de su objeto; y, por último logra organizar el resultado de sus investigaciones para constituir un sistema unitario de principios y modelos explicativos de carácter general. Reúne, por tanto, las condiciones de una verdadera ciencia independiente.

        Pero en el desenvolvimiento de su praxis la pedagogía también toma en consideración las directrices que se han de seguir, para que en el devenir del proceso de enseñanza se logre el mayor grado posible de aprendizaje, con un esfuerzo mínimo y una eficiencia máxima, premisas del conocimiento imprescindible que, garantice una educación y capacitación en correspondencia con las necesidades reales de la educación: un sujeto formado y educado integralmente.

        En definitiva, que la pedagogía es una ciencia lo demuestra su propia constitución. Como ciencia está formada por un objeto propio, por una parte de la totalidad real que no participa del campo de las otras ciencias. Se insiste, la pedagogía tiene su objeto peculiar, la educación, que le corresponde exclusivamente a ella; con sus propios métodos: observación, experimentación, comprensión, interpretación, etc., de la realidad educativa; disponiendo además de una unidad y sistema.

        Estas concepciones conllevan a una definición de pedagogía más integral: es una ciencia con principios humanistas (es arte, pasión, educabilidad, praxis, pensamiento teórico y práctico) fundamentados en la ética de la convivencia y formación del carácter integrador de la persona moral desde las instituciones educativas. Es pues en relación con su objetivo que las ciencias de la pedagogía encuentran su principio de reagrupación en una familia con unos contornos bastante bien delimitados, en comparación con otros campos de la investigación científica, y que le permiten abordar de una manera fiable la complejidad de la multidisciplinariedad educativa.

        De esta manera, surge gradual pero firmemente la tendencia de la educación humanista, con variadas modalidades, pero con un tronco común que se podría llamar pedagogía del ser, que consiste en una educación para la vida, en sus dos vertientes individual y social. La necesidad actual de una educción humanista se fundamenta en el reto al modelo educativo positivista y economicista del mundo contemporáneo. En tal sentido, se presentan alternativas con base filosófica y fundamentos epistemológicos que dan un giro humanista a la concepción de lo humano, social y educativo. Esta perspectiva propone el desarrollo integral de la personalidad, de las potencialidades del hombre y la plenitud humana.

        En su desarrollo histórico, para Carmona (2007), el término humanismo ha tenido significados diferentes ya que en torno a él se fusionan y se confunden numerosas posiciones filosóficas, epistemológicas, sociales y políticas. Desde Cicerón, a quien se le atribuye la autoría del término, hasta las posturas actuales que aspiran desarrollar una conciencia en relación en torno a los derechos humanos, el concepto de humanismo ha permeabilizado los diferentes niveles de la vida social, científica, cultural y educativa. Sin embargo, en la actualidad, se trata de la necesidad de afirmar el valor y la dignidad de lo humano en el desarrollo científico y, frente a la objetividad instrumental reduccionista, asignarle un lugar importante a la subjetividad humana.

        Por lo tanto, la educación humanista se propone la reivindicación de los valores humanos; este fue precisamente el objetivo principal de los científicos sociales a finales del siglo pasado cuando empezaron a desarrollarse y popularizarse en el campo de la Ciencias Sociales los métodos y los procedimientos identificados como cualitativos. En este contexto, cobra sentido el paradigma de la educación humanista definida como “aquella cuyo horizonte y criterio último es la dignidad humana y cuya vía de consecución es el esfuerzo de realización de los valores que contribuyen a satisfacer las necesidades radicales” (Yuren, 2010, p. 48).

        Frente a la educación instrumental que ha utilizado la educación para sus propios fines, la perspectiva de una educación humanista, es sin duda uno de los grandes retos de la educación en el presente. La búsqueda de un humanismo cívico entendido como actitud que fomenta la responsabilidad en la orientación y desarrollo
de la vida política, como el temple ético e intelectual de un pueblo, solo es alcanzable sobre la base de una educación humanista.

        De esta manera, las unidades complejas, como el ser humano o la sociedad, son multidimensionales; el ser humano es a la vez biológico, psíquico, social, afectivo y racional. La dimensión pedagógica, según Morín (2010), está en interacciones permanentes con todas las otras dimensiones humanas; es más, la pedagogía conlleva en sí: necesidades, deseos, pasiones humanas, que sobrepasan los meros intereses pedagógicos, integrándose a un mundo de poder de conocimiento, que es lo que se denomina ciencia, pero que también es teoría y práctica pedagógica.

        En este sentido, por estar la pedagogía enclavada en la cultura de los pueblos, su objeto de estudio ha tenido, hoy día, una fuerte demanda de atención de las restantes disciplinas científicas y humanistas. Las personas han reconocido la necesidad de ser unos pedagogos de sus especializaciones, han reflexionado acerca del requerimiento de la humanización del conocimiento, de la valoración de la persona más allá del simple conocer, de sus condiciones en el ejercicio de la profesión en la que se formaron y capacitaron. Por ello, es necesario que todos los seres humanos tengan una educación intelectual, una formación integral que esté alimentada por la valoración y exaltación del saber, que en palabras de Ocho (2009) plantea:

Y cuanto más hermosa sea esa educación, más inteligente, más fuerte, más grande será la roca del intelecto; cuanto mejor, porque en la misma proporción quiere decir que se elevará a mayores alturas. El que se queda aplastado bajo esta roca es el erudito. El que se sube encima de la roca es el sabio. Y el que, por miedo, ni siquiera se acerca a la roca, es el ignorante. El intelecto de los ignorantes nunca fue educado; el intelecto del erudito fue educado pero nunca pudo trascenderlo; el intelecto del sabio no sólo fue educado, también se las arregló para trascenderlo. Evitarlo no ayudará; uno tiene que ir a través y más allá. (p. 160).

        La pregunta es, ¿cómo educar al sabio? Ya Sócrates lo había considerado, se requiere educar a la persona humana. Según Calzadilla (2004), desde sus inicios el ser humano requiere de una pedagogía humanista, que le valore en su individualidad, como ser único, con sus potenciales y habilidades a desarrollar a lo largo de su vida, interactuando con su contexto personal, pero respetando su propia valoración y su proyecto de vida.

        Igualmente, a cada persona hay que invitarla a reconocer su ignorancia, a tomar conciencia de ella, lo cual conduce a la pregunta, que como técnica pedagógica implica la búsqueda del saber, de la ciencia. Todo esto es la base de la aceptación del reconocimiento que las distintas disciplinas son un elemento de la complejidad del saber, donde el trabajo del educando y educador consistirá en luchar porque se correspondan las percepciones que se tienen de las actividades humanas.

        Para Calzadilla (2004), la persona humana es educable por otra persona. Aquí entra en juego la pedagogía, que es una síntesis de la realidad educativa del ser humano. Por lo que la pedagogía representa el acto por medio del cual se construye algo: el carácter humano y la realidad educativa a partir de la complejidad. Esta construcción es una composición, que tiende a lo más general, la educación humana.

        La acepción de la síntesis permite reconocer a la pedagogía como integración de las ciencias sociales y humanas, donde el pedagogo se forma para educar al ser humano a lo largo de su vida como un ciudadano pluridimensional, que sea capaz de reflexionar acerca de la multiplicidad cultural y la multidimensionalidad del universo. De allí que la pedagogía es una ciencia pluridisciplinaria y, al mismo tiempo, una construcción y reconstrucción del conocimiento del ser humano a partir del descubrimiento.

        Además de cumplir con su valiosa función académica, la pedagogía también tiene propósitos de formación humanista, moral y política en los docentes, futuros y activos, para que éstos actúen con miras a la superación política y sociocultural de las comunidades, de los alumnos, de la escuela y de los seres humanos en general. Implica ello invertir la pirámide de la educación universitaria, asumiendo con responsabilidad una relación de contribución didáctica y pedagógica con los demás sectores de la educación y del resto de las instituciones que hacen vida en el país; porque la humanización del hombre se inicia en las primeras edades, en correspondencia con una formación integral, pedagógica y moral del profesional que se forma y capacita en las instituciones educativas.

HUMANISMO DESDE LA PERSPECTIVA DE ROGERS

        De acuerdo al método terapéutico, la terapia centrada en el cliente, o terapia no directiva, Rogers (2001), parte de la hipótesis central de que el individuo posee en sí mismo medios para la auto comprensión y para el cambio del concepto de sí mismo, de las actitudes y del comportamiento auto dirigido. El terapeuta debe proporcionar un clima de actitudes psicológicas favorables para que el paciente pueda explotar dichos medios.

        Existen dos rasgos principales de la terapia centrada en el cliente: a) La confianza radical en la persona del cliente (paciente); b) El rechazo al papel directivo del terapeuta. Para Rogers el ser humano nace con una tendencia realizadora que, si la infancia no la estropea, puede dar como resultado una persona plena: abierta a nuevas experiencias, reflexiva, espontánea y que valora a otros y a sí mismo. La persona inadaptada tendría rasgos opuestos: cerrada, rígida y despreciativa de sí mismo y de los demás.

        Asimismo, Rogers (2001), insiste en la importancia que tienen las actitudes y cualidades del terapeuta para el buen resultado de la terapia: las tres principales son la empatía, la autenticidad y la congruencia. De acuerdo con esta posición humanista de la fenomenología, Rogers cree que el individuo percibe el mundo que le rodea de un modo singular y único; estas percepciones constituyen su realidad o mundo privado, su campo fenoménico.

        En este sentido, la conducta manifiesta de la persona no responde a la realidad, responde a su propia experiencia y a su interpretación subjetiva de la realidad externa, en tanto la única realidad que cuenta para la persona es la suya propia. Por tanto, si el psicólogo quiere explicar la conducta deberá tratar de comprender los fenómenos de la experiencia subjetiva.

        Así, Rogers (2001), distingue tres tipos de conocimiento que difieren fundamentalmente en el modo de verificar hipótesis: el conocimiento subjetivo (basado en hipótesis a partir de la experiencia interior, es un conocimiento falible), el conocimiento objetivo (las hipótesis se confrontan y verifican con el medio externo.

        Este método transforma todo lo que estudia en “objeto”, y su objetividad no es en verdad sino una “subjetividad compartida” por una comunidad amplia; así, la objetividad no es sino un caso particular de la subjetividad), y el conocimiento interpersonal o fenomenológico. Este último es el conocimiento idóneo para el psicólogo. Gracias a él tenemos acceso al mundo subjetivo de otra persona.

        Para validar este tipo de conocimiento, podemos seguir varios caminos: preguntar al otro por su experiencia, observar sus gestos y su modo de reaccionar, y, finalmente, y sobre todo, podemos crear un clima empático entre los dos, en donde los dos mundos se conecten y se fundan en un solo mundo (empatizar: simpatizar, identificarse, comprender, pero no desde fuera, sino convirtiéndose en lo comprendido), permitiendo que se revele el marco de referencia interno (el campo fenomenológico) del otro (el psicólogo debe crear este ambiente de empatía en su gabinete entre él y el “cliente” -no hay “pacientes “, no hay superiores, sólo hay dos personas conociéndose). Este método es el sugerido por Rogers para hacer una ciencia psicológica significativa.

        Siguiendo este proceso, Rogers (2001) parte de sus numerosas observaciones clínicas (grabaciones magnetofónicas, etc.) procurando eliminar todos los prejuicios subjetivos y formula hipótesis capaces de ser sometidas a verificación en un intento por conjugar los fenómenos subjetivos con la investigación objetiva. De esta forma, se dedica a investigar cómo las relaciones interpersonales provocan cambios en la gente, y qué características debe tener la relación terapéutica (que, al fin y al cabo, no es más que una relación entre dos personas) para producir los cambios que interesan. Rogers fue, quizás, el primer autor que intentó estudiar de forma objetiva el tema de la eficacia terapéutica, buscando establecer conclusiones del tipo “si se dan estas características de la relación interpersonal, entonces ocurrirán cambios terapéuticos en esta dirección”.

        Así, Rogers considera que su teoría es, en primer lugar, una teoría de la psicoterapia y del proceso de cambio de la conducta humana a través de las relaciones interpersonales, de la cual puede derivarse una teoría de la personalidad. Como teoría de la Personalidad, la teoría de Rogers es parcial, restringida y, al igual que ocurría con la de Freud, deriva de la práctica clínica (si bien más abundante y eficaz que la de Freud). Rogers admite y previene que a medida que nos alejamos del foco terapéutico de la teoría la posibilidad de cometer errores va en aumento.

        En este orden, las aplicaciones de la psicología humanista de Rogers a la educación nacieron concomitantemente con el clima de protesta sobre currículo existentes en el sistema educativo estadounidense, que no tomaban en cuentas las características de los estudiantes como personas, y aparecían escritos y practicados en un tono deshumanizador. Durante los años 70 apareció una serie de trabajos críticos donde se resaltaba que las carencias y fallas de la escuela no permitían el desarrollo total de la personalidad de los alumnos; por lo contrario, los hacían fracasar no sólo en los aspectos académicos sino también en su vida posterior.

        Desde el punto de vista humanista, la educación debiera estar centrada en ayudar a los alumnos para que decidan lo que ellos son y lo que quieren llegar a ser. Por ello, se basa en la idea de que todos los estudiantes son diferentes y, en este sentido, se considera que es necesario ayudarlos a explorar y comprender más adecuadamente el conocimiento de su persona y los significados de sus experiencias vivénciales. De hecho, para Rogers (2001), se les concibe como personas totales, no fragmentadas.

        El aspecto fundamental de la acción educativa es el reconocimiento del educando como ser humano, poseedor de capacidades para la comprensión de sí mismo y de su medio ambiente. Los principios básicos que deben guiar la práctica pedagógica estarán dirigidos a incentivar la valoración positiva como punto de partida para la comunicación fructífera con los otros, para el aprendizaje participativo, significativo y auto reflexivo.

        Por una parte, Rogers en sus estudios elabora la teoría psico-educacional como una “terapia centrada en el cliente”. Bajo su perspectiva, el recinto escolar se comporta de forma análoga a una consulta terapéutica, es decir, el facilitador busca en todo momento potenciar las capacidades innatas del aprendiz para que éste encuentre la motivación que le permite aprender significativamente. Su posición es la de ofrecer contenidos y materiales potenciando las habilidades propias del individuo que le permiten autor realizarse.

LA TEORÍA DE LA MOTIVACIÓN HUMANA DE MASLOW

        Por otro lado, según Richey (2003), Maslow ofrece a esta teoría una jerarquía de necesidades que explica el funcionamiento de la motivación. Esto representó un avance significativo en la concepción de la educación, puesto que develó la importancia del componente volitivo al momento en que el individuo se dispone a aprender. Este componente, grosso modo, divide las necesidades humanas en primarias y secundarias, las cuales han de satisfacerse en el orden propuesto por el autor toda vez que el individuo busque la autosuperación o autorrealización.

        Su contribución más conocida tiene que ver con su “teoría jerárquica de la motivación”. Maslow entiende que la fuente de la motivación humana reside en necesidades que son comunes a toda la especie (aunque conductualmente se manifestarán en formas diferentes en cada cultura), y que llamó “necesidades instinctoides” (no “instintivas”). Estas necesidades tienen una raíz última de tipo biológico, pero en el hombre, a diferencia de otras especies, la biología es vencida casi totalmente por la libertad y el aprendizaje.

        De esta manera, Maslow supuso cinco niveles de necesidades humanas, ordenadas de las más fuertes a las más débiles. Cuanto más baja en la jerarquía sea una necesidad, más fuerte será su influencia en la conducta. Cuanto más alta en la jerarquía sea una necesidad, más distintivamente humana será (de hecho, los dos últimos niveles son estrictamente humanos). Según este autor, se deben cubrir primero las necesidades que se encuentran por debajo en la pirámide. De tal forma que sólo si se tienen cubiertas las necesidades de un determinado nivel, se podrá “subir” al siguiente.

        Cuando las personas completan en su mayoría un nivel de necesidades pasan a estar motivadas para completar el siguiente nivel (con ciertas excepciones, como la del artista hambriento o la huelga de hambre). Una misma conducta puede satisfacer varios niveles de necesidades (por ejemplo, la conducta sexual). Además, los cuatro primeros niveles se caracterizan por la motivación del déficit, es decir, por buscar reducir una tensión producida por una ausencia; se trata de conducta dirigida a metas concretas. Sin embargo, el último nivel se caracteriza por la motivación del crecimiento, que nunca termina de saciarse del todo, y la conducta está orientada al proceso de ser más que a la meta, aunque ello conlleve el aumento de la tensión.

        A diferencia de tantos teóricos que han especulado sobre la personalidad humana estudiando a las personas aquejadas de trastornos, Maslow se ha caracterizado por su interés no por el lado enfermo del psiquismo, sino por su lado sano. Así, emprendió un estudio de la personalidad a través de la investigación de las personas más felices, sanas y maduras de su sociedad, seleccionándolas por dos criterios: la ausencia de trastornos psíquicos y la mayor autorrealización, es decir, el uso completo de sus talentos, potencialidades y capacidades.

        En este sentido, la psicología humanista supone que existe una esencia humana definida. La forma concreta que adopta es la “teoría de los instintos”, pero también tiene que ver con la “teoría de la capacidad y de las necesidades”, es decir, con el hecho de “capacidades que quieren expresarse y realizarse” (en este punto Maslow subraya una diferencia con la idea de Sartre de una relatividad total, sosteniendo –por el contrario- que la naturaleza humana no es infinitamente maleable y que posee parámetros definidos).

        Cada uno de los seres humanos, desde su óptica, tiene una naturaleza superior que es parte de su propia esencia, lo que significa que, bajo condiciones favorables, las personas manifestarán rasgos como afecto, altruismo, amistad, generosidad, bondad. Estas son las características propias de lo que llamó “autorrealización”. Esta naturaleza superior se manifiesta gracias a buenas condiciones del entorno, en las personas “plenamente evolucionadas”. Esto no significa que Maslow rechace las diversas teorías que señalan que en los humanos radica tanto el potencial para lo bueno como para lo malo, pero pone el acento en la tendencia a lo bueno en entornos favorables.

LA EDUCACIÓN POR LA ACCIÓN DE DEWEY

        Influido por la concepción pragmatista de William James, Dewey comenzó por oponer a la concepción herbartiana de la "educación por la instrucción" su teoría de la "educación por la acción". En este sentido acentuó el carácter de la educación como un "learning by doing", como un aprender haciendo. La educación para él es a la vez una función social y una función individual, por una parte es la suma total de procesos por los cuales una comunidad transmite sus poderes y fines con el fin de asegurar su propia existencia y desarrollo. Y por otra, es también igual a crecimiento, a una continua reconstrucción de la experiencia. La escuela no es una preparación para la vida, sino la vida misma depurada; en la escuela el niño tiene que aprender a vivir.

        De la misma manera, proponía que se plantaran a los niños, actividades guiadas cuidadosamente por el profesor, que estuvieran basadas tanto en sus intereses como en sus capacidades. Dewey (1995), contribuyó a crear una pedagogía funcional y dinámica, el aprendizaje a través de experiencias dentro y fuera del aula, y no solamente a través de maestros, es vital.

        La pedagogía de Dewey (1995) requiere que los maestros realicen una tarea extremadamente difícil, que es “reincorporar a los temas de estudio en la experiencia” (p. 285). Los temas de estudio, al igual que todos los conocimientos humanos, son el producto de los esfuerzos del hombre por resolver los problemas que su experiencia le plantea, pero antes de constituir ese conjunto formal de conocimientos, han sido extraídos de las situaciones en que se fundaba su elaboración.

        El proceso educativo y el proceso moral, en el fondo, son la misma cosa: son distintas facetas del crecimiento del sujeto. Era la única vía para la educación cívica o social, entendida como civismo democrático. Dewey concibió la escuela como un espacio de producción y reflexión de experiencias relevantes de vida social que permite el desarrollo de una ciudadanía plena. La práctica sustenta el aprendizaje, y no consiste en la fijación de conocimientos mediante la repetición de los mismos, una vez explicados; el aprendizaje se realiza por descubrimiento, con la guía del maestro.

        La planificación de las actividades a realizar se realiza semanalmente; y esta planificación no es una programación de las lecciones a impartir, sino de las experiencias a realizar con los alumnos. Según los resultados de ellas, se planifica la siguiente semana. Tal es el sentido que tenía la educación progresiva, según denominaba el mismo Dewey a su singular método pedagógico. El crecimiento humano se consigue a través de la escuela y mediante el aprendizaje en el entorno de la convivencia democrática. Esto exige el concurso de la experiencia personal, pero además, se debe contar con la experiencia de los otros; en la confluencia de experiencias se realiza la educación democrática.

        La idea que sustenta la educación progresiva, según el esquema de Dewey, fue para recapturar la naturaleza experimental del aprendizaje para que se pudiese reconectar con los fines de la comuna y, con el tiempo, enlazarse a la democracia a través de la participación. El fin de la educación en relación a cualquier grupo era el de “hacer del individuo un compartidor o socio en la actividad asociada para que sienta el éxito y su fracaso” (Dewey, 1995, p. 14). A través de este proceso el niño tomaría una actitud emocional en el grupo y, con el tiempo, lo identificaría con sus intereses específicos. De esta forma, el grupo social podría restringirse y los intereses y oportunidades que ofrece se podrían reducir.

        La escuela en una sociedad democrática sirve para introducir al niño a la complejidad de la vida moderna simplificando el entorno de forma que pueda ser comprendido por un joven y una mente no familiarizada, y también sirve para eliminar “las indignas características de la existencia de un entorno desde la influencia ejercida sobre las actitudes mentales”, estableciendo un “medio purificado de acción” (Dewey, 1995, p. 20). Además, la escuela sirve para “equilibrar los elementos del entorno social y para ver si cada individuo consigue una oportunidad para escapar de las limitaciones del grupo social en el que ha nacido, y entrar en contacto con un ambiente más amplio”. Dewey depositó una gran esperanza en la educación pública, a menudo escribiendo como si la institución de la escuela pública pudiese traer la transformación que deseaba.

        De esta manera, Dewey (1995) considera la educación, además de por su valor intrínseco, también como campo de corroboración de su pensamiento y de ampliación de su propia experiencia. La educación es entendida como desarrollo que realiza el crecimiento del sujeto. Tal desarrollo tiene también un sentido inmanente: es válido en cuanto que realiza la ampliación de la experiencia mediante la incorporación de los hábitos propios del método experimental. Es el desarrollo inteligente realizado en acciones que responden a los estímulos del medio. Este desarrollo postula la necesidad de una revisión continua de la acción educativa.

METODOLOGÍA

        Dado el propósito fundamental de este trabajo el presente estudio es de tipo ensayo, con diseño descriptivo-documental y enmarcado en la línea de investigación de Ciencias de la Educación, asimismo tendrá como objetivo fundamental analizar la pedagogía humanista bajo la perspectiva de la teoría de Rogers, Maslow y Dewey. Para la recolección de datos se realizó una minuciosa revisión documental de las teorías, utilizándose la técnica del análisis textual e interpretativo. Finalmente, se recogerán las reflexiones finales una vez analizados las teorías estudiadas para tal fin.

REFLEXIONES FINALES

        El progreso de la ciencia pedagógica es, en el fondo, el de toda relación humana, a saber, el producto de una dialéctica entre la auto organización (innovación) y la adaptación (trabajo), pero con una fortísima atadura en su contexto: la humanización de la educación, que es una interpretación de la síntesis de la complejidad pedagógica.

        En fin, la pedagogía debe ser netamente humanista y su cualidad ética debe considerársele como eje fundamental de información y formación del docente, exigiéndole a éste su capacitación pedagógica y didáctica, actualización en el área investigativa, su participación activa en las actividades de extensión, pero sobre todo que asuma plenamente la concepción de la autonomía docente con plena responsabilidad institucional y una conciencia moral de la profesión que dignamente ejerce, dejando a un lado la erudición de la especificidad formativa para tomar las riendas definitivamente del saber.

        Por otro lado, las teorías de Maslow, Rogers y Dewey tienen en común es su firme convicción de que las personas están constantemente motivadas por la necesidad innata de explotar su potencial. Así, desde la perspectiva humanista, motivar a los estudiantes significa fomentar, desarrollar, hacer aflorar sus recursos internos, su sentido de la competencia, autoestima, autonomía y autorrealización.

        Desde el punto de vista epistemológico, Dewey considera que los conceptos en los que se formularon las creencias son construcciones humanas provisionales. El concepto principal relacionado con la teoría del conocimiento es experiencia. Dewey mantiene una concepción enteramente dinámica de la persona, propone la reconstrucción de las prácticas morales y sociales, y también de las creencias.

        A partir de las diversas corrientes pedagógicas, desde la perspectiva de una educación humanista, confieren prioridad a la formación docente, apuntando a redimensionar su papel y enfatizando la importancia de la innovación y de una práctica reflexiva en su formación. Se trata de la construcción de otros códigos de significación que restituyan la reflexión y la acción en el campo de la educación.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
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